lunes, 1 de agosto de 2016

Sesión 27. Parábola del Buen Pastor.
La experiencia de la actividad de esta sesión ha implicado varias cosas al realizarla: 
- Iniciar con cerrar las emociones a todo lo que me distrae para poder concentrarme en este momento y a partir de ello:
. Percibir mi propia pequeñez, pero al mismo tiempo la unidad de mi ser, el ser. Es extraño pero es presentarme sin defensa, en la oscuridad de los ojos cerrados y desde ese punto vivir el temor de que llegue quien no es mi buen pastor, de que llegue a quien no le interese guiarme al prado bueno, sino a un lugar extraño. 
Al pensar en el asalariado, vivo con fuerza una especia de amenza que nos ronda en la vida diaria, la falta de sinceridad en nuestro entorno y las dobles intenciones de las que muchas veces nos podemos dar cuenta, pero que tampoco me hacen sentir segura y, sino por el contrario a la expectativa y a la defensa. 
- La expoeriencia de la espera del buen pastor es tan misteriosa y agradable, que me inunda de tranquilidad, de paz, no sé si es seguridad, pero es más la confianza de que a su lado no temo, no siento que tenga que desplegar un gran esfuerzo para sobrevivir, y sí puedo percibir una calma en un gran espacio, como si fuera ese prado agradable del que Él es la puerta desde donde vigila el redil. Quiero conservar esta emoción en los días aciagos que no faltan y revivir el encuentro con Mi Buen Pastor. Entender esta parábola desde la promesa de Dios mismo ha sido renovador en mi día a día. 
Muchas gracias y Dios les siga bendiciendo y conduciendo por sus prados seguros¡¡ Gloria a Dios. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario