sábado, 24 de septiembre de 2016

Sesión 34. Promesa del Espíritu Santo


A partir de la actividad de esta sesión he podido comprender un cambio importante para mi vida: es la distancia de la presencia de Dios la que me lleva a caer en la pared de las tinieblas, sean éstas el miedo, el rencor, el enojo, la envidia, la duda respecto a la voluntad de  Dios en nuestra vida La dinámica de esta relación da un giro deferente, pues comprendemos cómo la respuesta a Dios ya no es externa, como lo sería penando mecánicamente en el cumplimiento de los mandamientos, sino una respuesta que brota y late desde el interior desde el corazón, un corazón "mejor amoldado" para permitir que en Él actúe mi Señor, a través de su Espíritu Santo. Comprendo cómo Dios nos brinda lo que le pedimos, y si ello es su presencia mediante su Espíritu Paráclito, no puedo dudar que lo concederá. Cambio importante, pues ya no es la respuesta por el cumplimiento, sino primero reconocer esta gran Verdad de Jesús, uno en el Padre y en el Espíritu Santo y la promesa de su efusión, ahora fortalecida por la propia petición de recibirlo. Ese gran desconocido que es el Espíritu Santo, ya no lo debe ser más, pues está en Jesús, Jesús en el Padre y esta unidad indisoluble debe ser nuestra gran Verdad perseguida. El caminar por la Cruz de Jesús, me hace comprender con mayor sencillez, cómo Él es el camino, la Verdad y la Vida: me dirige a Jesús vivo, a Jesús presente en la Gloria de Dios Padre y yo, unida como la cuenta roja a la cuenta azul. ¡Lo he comprendido y me he sorprendido como los niños cuando pueden "ver" esta verdad tantas veces escuchada para llegar a vivirla. 
Muchas gracias y¡ Dios bendiga su trabajo para su Gloria!

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